Hay momentos en la vida en que nos sentimos distantes, imperfectos e incluso indignos del amor de Dios. Esto sucede cuando desconectamos nuestra mirada de él, cuando hay pensamientos impuros, vanos, fantasías sexuales, pensamientos de adulterio…
El amor de Dios nos sorprende cuando, incluso en medio del dolor, sentimos su paz inexplicable.